sábado, 21 de septiembre de 2019

Vientos de cambios en mis redes sociales

He cambiado en mis redes sociales.

El trabajo en Social Media no es fácil, ni rápido, ni cómodo. Por mucho que lo parezca, dada la sencillez de la mecánica de cada plataforma. Sus entresijos permean a muchas capas: los hashtags, los horarios, los nichos... A ello súmale que no existe una única y definitiva, sino que se necesitan de varias que se complementen (en especial cuando las más populares no están del todo optimizadas para un contenido específico y propio).

Pero voy al grano. Quizá algunos os hayáis dado cuenta de que desde septiembre he efectuado algunos cambios en mis redes. En primer lugar, me hice un nuevo pseudónimo. El anterior me gustaba, pero no cumplía ciertos aspectos, y es que en su día lo cogí un poco al azar, más bien llevado por el sonido que tenía. 
Pero lo más importante es que los contenidos han tomado una nueva dirección. Lo que tenía eran cuentas cajón de sastre, y popurrí de muchas cosas (Twitter e Instagram) en las que metía prácticamente de todo sin orden ni concierto; la mayoría, cosas del día a día y videojuegos. Y eso era como un álbum de fotos centrado en mi vida, pero a menos que quisiese vender un estilo de vida, eso no funciona así.

Esta vez irán centradas en la ilustración.


Y esto no es por capricho, sino porque recientemente he reflexionado y puesto en distinto orden de prioridad, todas mis habilidades. Yo era un:
"jack of all trades, master of none".
Lo que viene a significar: aprendiz de todo y maestro de nada. No dedicarme plenamente a una de ellas, e ir alternando entre unas y otras, me estaba llevando a una frustración crónica. Eso era un ancla más del barco. Vale, podía haberme dado cuenta antes. Pero todo lo que hago lo disfruto de corazón, y me ha costado mucho dejar de lado algunas aficiones. Pero es que si no lo hago, nunca voy a progresar. Y antes que nada, ahora es necesario poneros en contexto:

Dibujar es la afición más antigua y constante que tengo.


Desde Secundaria dibujo, y aún lo disfruto. Aunque he tenido muchos obstáculos a lo largo de mi trayectoria, el mayor siempre he sido yo mismo. Cuando eres una persona multidisciplinar y además con ciertas inseguridades, es fácil que en determinados puntos te llame más probar otras cosas. Eso me ha sucedido múltiples veces, en especial con la música o la confección. Esas etapas de ejemplo no abandoné completamente el lápiz, pero sí que lo cogía a duras penas. Esos años de inactividad no son moco de pavo. Conllevan un enriquecimiento personal a otros niveles, como la capacidad de adaptación, pero retrasan y desgastan al fin y al cabo. Pues uno cuando crece y madura, y yo diría que haciendo hincapié en la entrada de los treinta, ya se da cuenta de que no tenemos todo el tiempo del mundo.
El camino hasta encontrarme "en propósito" ha sido muy largo y difícil. Pero aquí estamos ahora. Eso es lo que importa. Y conmigo, vosotros acompañándome en ese viaje apasionante. Muchas gracias por leer y por seguir ahí.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Ser socorrista acuático en un psiquiátrico

Durante tres veranos llevo trabajando en un hospital psiquiátrico de... socorrista acuático. 

Lo diga como lo diga, siempre ha hecho levantar alguna ceja a mis interlocutores. Porque suelen pensar, en primer lugar: ¿qué pinta una piscina en un psiquiátrico? Seguido por: ¿y cómo haces?, o ¿qué preparación tienes?
Pues, en fin, lo único que hice fue un curso de socorrismo acuático. Esa empresa tenía el detalle de pasar ofertas de trabajo a los alumnos, pasaron ésa, fui a la entrevista (con una pata escayolada, encima) y... aquí estoy.

Es un poco extraño que ésta haya sido mi primera y única experiencia como socorrista acuático. Pues es un ámbito atípico, pero que me ha ayudado bastante en uno de mis puntos más flojos: las habilidades sociales. Pues la predisposición en un entorno tan controlado como éste, en el que ni cliente ni socorrista se interesan (ni deben) por nada del otro... han hecho de la piscina un campo de pruebas verbal. Alguno o alguna que otra se ha aprovechado de eso, pero por suerte sé cómo cortarles el grifo. No en vano, las notas perspicaces y discretas juegan un papel primordial, y esta experiencia ha sido una ocasión única para estar cerca de la gente sin la timidez de por medio. Pero volviendo a la cuestión de la naturaleza del lugar en sí, lo que mucha gente tiene en mente por un hospital psiquiátrico es una imagen negra y distorsionada. El arquetipo de edificio sombrío de crueldades humanas y carne de leyenda urbana. Incluso yo era víctima de ese estereotipo, antes de currar aquí. Y no es para menos, considerando que si no es por singularidades de la vida, uno no pisa esos sitios si no es por fuerza mayor, y segundo: Hollywood ya hace lo propio en nosotros con su imaginario.
El hospital es muy antiguo y bonito, incluyendo zonas ajardinadas, pero lo que mejor lo resume es que parece una micro-villa. Dentro está lo necesario para que un paciente haga una vida... más o menos. Faltan cosas, muchas cosas, pero bueno. Funciona de algún modo. Su objetivo, como cada empresa, es generar beneficios ofreciendo un servicio. Y ese servicio es rehabilitar pacientes psíquicos y reinsertarlos en la sociedad. Si podría funcionar mejor o peor, ya es una cuestión en la que no pienso entrar, porque hablaría de temas de los que no conozco y seguramente la cague. En fin.

Hablemos del trabajo en sí.

La piscina es pequeña. Ni siquiera tiene gresite. Pero en el lugar donde está (rodeado de campo y en un monte), igual vale para un roto que para un descosido. Tienes refresco del calor, ejercicio en el agua, y a la vez relax, así que cumple holgadamente. 
De pacientes he tenido de todo. Desde inválidos totales hasta gente atlética con un nivel altísimo. Desde gente con un coeficiente muy bajo (casi de niño pequeño), hasta personas muy inteligentes. La mayoría hacen de mi jornada algo ameno, pero también he tenido aquellos que me han dado muchos problemas; los que vienen a pedirme algo (tabaco o comida, los clásicos), los que no paran de hablarme durante toda la hora, de contarme su vida, de insistir, no se les entiende o son hipersensibles o agresivos. Estos últimos son "los ofendiditos", pues por cualquier pretexto te miran mal, la toman contigo o te repudian por simplemente cruzártelos en el momento equivocado. Mejor ignorarlos. A veces hasta se ofenden con pequeños gestos que no tienen nada que ver con ellos. Son gente muy enfadada e irritada por lo general. Supongo que eso es lo que tiene estar internado allí, y no tener el optimismo por bandera.
Otra conclusión importante a la que he podido llegar con los pacientes psíquicos, es que (salvo excepciones) son de secano. Una grandísima parte visita la piscina durante contadas ocasiones en todo el verano, y los hay incluso que sólo vienen una o dos veces. En especial por la tarde, pues ya me resulta habitual abrir el recinto a las 15:00, y hallarme solo. Con el calor tan aplastante del momento, las toallas, y la radio puesta, nunca me aburro. Las mujeres tampoco vienen. No deja de ser curioso. En general es un trabajo muy tranquilo, salvo en contadas ocasiones de mucho stress: la hora de los psicodeficientes, pacientes muy problemáticos e inestables, esquizofrénicos, falta de recursos o conocimientos, y hasta miedo en alguna ocasión. Se nota que me falta formación que no estaría de más en este puesto, como defensa personal o contención. Aunque no todo proviene de los clientes, y algún roce que otro he tenido con los compañeros, como supongo es habitual en cualquier trabajo. Ya mencioné antes que no quería entrar en cuestiones de la empresa, pero en ocasiones me he sentido desamparado. Pues para bien o para mal, la piscina es como un limbo dentro del propio hospital, a la que nadie echa mucha cuenta.

Dejando eso aparte, ya estamos en septiembre y se viene algo de lluvia. Mes que me trae una mezcla de melancolía y deseo, sobre todo para dejar atrás el calor sofocante. Porque siendo sincero, el verano me gusta cada vez menos. Cuanto más crezco, más se aleja del ideal de lo que era el verano escolar para mí (vacaciones, amigos llamando para quedar, playa, actividades, salir...), y más se vuelve una pesadilla de sudor, cansancio y no dormir bien. Así que se siente un alivio. Pero por otro lado, estos días ya no se baña ni el tato. Y te hablo en especial en esos días en los que he llegado a primera hora, el cielo está negro y encapotado, y me encuentro todo mojado por la lluvia reciente. A mí me dijeron que en estos casos haga de monitor deportivo, e incluso me lo apuntaron en una fotocopia. En fin. Sobre el papel queda muy bonito. Otra cosa es que haya material para ello, y los clientes estén por la labor (que, por cierto, no son de mucho menearse).

Terminando, de anécdotas podría hablar hasta llenar un libro. Casi todas ellas provenientes del ámbito personal, o relacionados con pacientes de los que no voy a hablar. Pero sí que puedo hablar del patrón que se ha repetido todos estos veranos:
  • Preparar al menos un cosplay, metiendo patines de por medio, y para asistir a Gamepolis (julio). Por cierto, aquí tenéis cuáles fueron: Cosplays con patines
  • Pasarme algún juego exclusivamente en la cafetería del trabajo, en el descanso entre turnos (en 2018 fueron Metroid Fusion, Metal Gear 2, Kingdom Hearts 358/2 y R-Type III. 2019: trilogía de Castlevania en GBA).
  • Comprarme un peto vaquero a finales de verano. ¿Algún problema? Me gustan.
  • Semana de vicio y cachimba con mi pareja al terminar. Normalmente algún Metroid.

¿Volveré el año que viene? Pues, quién sabe. Si no vuelvo es por haber encontrado algo mejor, lo cual de todas formas sería buena noticia.

martes, 3 de septiembre de 2019

Taboo Rocamel

El Taboo Rocamel

El Taboo Rocamel es más que un simple tabaco de shisha de caramelo. Para muchos, un sabor de mierda infecta y repugnante, o siendo muy generoso, un sabor normalito pero empalagoso hasta la médula.

Pero yo no estoy en ese grupo. Porque el Taboo Rocamel... me encanta


Y es que, es de los tabacos que más me gustan. No es coña. Y eso que mis sabores favoritos suelen ser ácidos y cítricos.
Perteneciente a la casa Taboo, que molaba hace unos años, pero hoy está en decadencia total ante otros tabacos a 3€ aprox. la cajetilla (de 50gr.), especialmente Adalya. Descubrí esta marca viniendo directamente de las cajetillas de cachimberos principiantes, tipo Tanya a 2'50€. Y sin haber probado nada mejor, me supo a gloria. Incluso en una pequeña cachimba de bazar, con cazoleta de silicona, papel de aluminio y pastillas de auto encendido.

Curiosamente, y tras fumar otras tantas marcas supuestamente más refinadas, y tabacos de mejor calidad (siendo objetivos), a día de hoy no sólo me sigue encantando, sino que nunca me canso de fumarlo. Sospecho que no existe homónimo de tabaco sabor caramelo en otras marcas; al menos, en estado puro. Mezclado ya tal. Y en algunos círculos me repudian y me miran por encima del hombro. "Lo importante es que cada uno disfrute lo que fuma PERO...", y tras ese pero se hace excepción de cosas que no se toleran tanto como otras. Una de ellas el Taboo Rocamel. Pero me da igual. La opinión de unos cuantos entendidos no hará que ese tabaco vaya a saberme peor. Tampoco hará que me calle ciertas cosas porque no sean bienvenidas. 
Por ello digo, que Taboo Rocamel es más que un simple tabaco de shisha. Es un símbolo de personalidad.

Ahora, lo que más preocupa es que desaparezca junto con la marca. Más vale que me compre bastantes botecitos, y hablo en serio. De hecho, si pudiera, seguramente compraría todos los Taboo Rocamel de mi ciudad y los guardaría en un búnker. Incluso aunque el mundo se acabara, tendría con qué fumar.

Rocamel en cazoleta Helium Atom
Rocamel en mi Helium Atom

Oduman Micro
Buen provecho, cabrones