domingo, 13 de junio de 2021

Curso del 20/21, o cómo sobrevivir a las aulas

El verano ya llegó. Y con él, se cierra un negro capítulo en mi vida. Está bien, dicho así tal vez suene demasiado negativo. Aunque no se deben entender las cosas como polos absolutos. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Hace falta una reflexión? Creo que de hecho, sí.

Poniéndonos en situación, estoy estudiando Administración de Sistemas Informáticos (FP). No hace mucho, se me antojó buena idea estudiar informática. Afortunadamente, de hecho: sigue siéndolo. Disfruto aprendiendo esta profesión, y siento que definitivamente estoy en mi lugar. Lo peculiar es que, hasta entonces, ya hacía mucho que yo estudiaba algo reglado, y relacionado con esto, nunca.

¿Y eso? Yo cometí una serie de catastróficos errores en la vida, demasiado recientes. Malas decisiones irreversibles, que tantos años de vida me han robado. Y además de esos errores, tardaba demasiado en recuperarme, y nunca lo hacía del todo. Pero admitirlo no me servía de redención. En mi situación, estaba bien jodido. No ya porque no tiene arreglo (no se puede dar marcha atrás); no ya por no saber a dónde dirigirme (hasta que pensé en informática); sino que, sobre todo y más importante, no encontraba un por qué. Nunca nadie me ha sabido dar respuestas, ni las había encontrado por mi cuenta. Vivía cada día con miedo y un complejo de inferioridad terrible. Se me hacía difícil hacer vida social. Cada año huyendo, escapando, hacia algún oasis temporal que pronto acababa enquistado.

Pero en un acto de fe, llegué a confiar en que encontraría mi lugar. Aún pasado el umbral de los treinta. Así que lo hice. Di ese paso. Volver a clase. Esta vez aprendiendo aquello que siento que me define. Mejor tarde que nunca. Y tío. Se está haciendo duro. Nunca nada sale como se espera. De entrada, lo que iban a ser dos años, pasaron a tres (no había plaza en oferta completa, así que entré en parcial, de tarde). A mediados de primer año, estalló la pandemia del coronavirus, que cambió las vidas de todos nosotros. Pero mientras que primero fue bastante asequible (las clases online nos ayudaron mucho en nuestro caso), segundo ha sido un verdadero infierno. Uno de los años más tristes que recuerdo. Aquí es donde me voy a centrar.

Un lugar que me resulta familiar...

En segundo curso es donde he tomado verdadera conciencia de lo que soy, y que me hace tan diferente del resto. Sin malinterpretar, yo puedo igual que cualquier otro, tengo habilidades, puedo programar, aprender y sintetizar conocimientos. No en balde mis notas no han sido precisamente malas. Pero lo que sí tengo es una menor tolerancia a la fatiga formativa, a soportar a profesores nefastos, y menos paciencia. No nos engañemos. Estudiar, como forma de vida, siempre ha sido difícil. En media mañana vas a clase, en la otra media estudias o trabajas los contenidos. Durante unos años estás así, y ni siquiera te pagan. Y por eso se hace cuando uno es joven. Cuando uno puede permitírselo. Y resistir las inclemencias de un sistema educativo obsoleto: profesores descontrolados, exámenes exigentes, constancia, muchas horas en la pantalla, etc. Si te sientes solo, tienes amigos que te acompañan en esta gran aventura: compañeros de tu edad, afines a tus gustos, sensibilidades, aficiones... O buscar apoyo en otras personas. Exactamente, esto último no ha estado a mi alcance. Al menos no como algo más que un mero compañerismo.

Extracto de mi cómic Nostos, Algos

No vengo a decir que estudiar de adulto sea malo. De hecho, uno nunca deja de aprender, y a veces hay que reciclarse, promocionar en el empleo, adaptarse, etc. Pero en mi caso, es una fase que nunca se había cerrado satisfactoriamente, cual herida abierta, y que tampoco dio paso a la siguiente. Y en este limbo desesperante me había quedado atascado. Pero volviendo a las circunstancias: como el ritmo requería el turno completo de los días, yo llegaba a casa, y luego tenía que seguir metido en las tareas. Pero veía que todos mis amigos llegaban de trabajar y podían jugar libremente videojuegos o desconectar por completo. Obvio, ésa es la clase de vida que deberíamos tener todos. Pero, ¿cómo aguantar con eso, mordiendo la mandíbula, sin notar un cambio irreversible? Al menos, ¿cómo no dejar que tus pensamientos desvaríen en un sentido en que te sientas mala persona? ¿O alguien envidioso, que los demás rechazarían?

Antes había mencionado que nunca encontré los por qués de mis errores. Y si atisbaba algo, tenía el color de la culpa. Qué gran contradicción machacar a aquel que necesita más ayuda que nunca. Y qué fácil y cómoda salida. Pero la sociedad no está lista para singularidades como yo. Se lavan las manos, y yo no les culpo, pues seguramente yo haría lo mismo en su lugar. A un curso ya de por sí duro, se le sumaba mi gran insatisfacción vital, el bagaje de mi pasado insustancial y sin sentido, una pandemia que impedía ver a nadie, una vida social completamente ausente, una soledad desoladora... Y no sin algunos episodios de ansiedad, síntomas de algo más que pataletas por suspensos.

Fuente: The Awkward Yeti
theawkwardyeti.com

Decía J.R.R. Tolkien: "Las hazañas no son menos valerosas porque nadie las alabe". Nunca nadie ha entendido mi proeza en solitario. ¿Acercarse? Desde luego. Tengo algunos amigos que me salvan de la locura. Ni tampoco lo que supone empezar a estudiar algo nuevo, técnico y difícil, con una edad, y con todos mis antecedentes. Y creo que nunca nadie lo entendería jamás, a menos que haya tenido tan mala suerte como yo. Cuando amigos, colegas y familiares aplauden, o lloran algo ajeno, es porque ven ese éxito en un tópico que entienden y valoran: conseguiste un nuevo empleo, vas a ser padre, publicarás tu libro... Nadie aparece porque sí felicitándote por "haber tenido la fortaleza y la voluntad de continuar conociendo la situación en la que te encuentras". Ahora que ha terminado, me da igual si atesoro esa experiencia sólo para mí. La vanidad no deja de parecerme un mal vicio de la sociedad moderna, en que no quiero reflejarme. Sólo quería algo de apoyo. Algo de apoyo no hubiera estado mal. Ahora lo importante es saberse cambiado a mejor. A las puertas del verano, me quedo con el sabor agridulce de sentir orgullo por haber superado esto. Y por haber tenido justo delante mía el límite, sin dejar que me destruyera. Y que sigo aquí para contarlo. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Y diferente, también.

martes, 22 de septiembre de 2020

¡Feliz 5º Cumpleaños, Undertale! Un modesto pero sentido homenaje

¿Qué ha sido Undertale para mí? Quisiera hacerle un pequeño homenaje, recorriendo todas mis aportaciones a semejante videojuego. No están todos los que son (el post sería interminable), pero sí son todos los que están. Vamos allá.

Soy una persona que no sólo no sigue modas, sino que las odia de antemano sólo por el mero hecho de serlas (y hasta que me demuestren lo contrario). ¿Es moralmente dudoso? Puede ser. También depende del contexto. Por ejemplo, en la industria del videojuego, ese tipo de protagonismo es marketing puro y duro. Vale, el marketing lo es todo, los juegos se hacen para ganar dinero, como cualquier empresa. Pero hay juegos que se lo ganan. Y en este caso, corría aquel septiembre-octubre de 2015, que se puso de moda Undertale, y por tanto oí hablar del juego por primera vez. Yo al principio no le hice caso, pero la curiosidad finalmente me llevó a jugarlo por aquellas navidades, tras ver tanta gente enloquecida recomendándolo y tanto fanart de un esqueleto gordo sonriente con abrigo. Se me cayó la mandíbula al suelo... Tú sabes, normalmente un juego te reconforta con altibajos constantes; esta parte te gusta, pero esta no, aquí la música es meh, este personaje es genial, los otros no tanto, etc. Este caso era un flujo de elementos diseñados con buen gusto: personajes, música, trama, diálogos, luchas... Y tras terminarlo de muchas maneras (al principio cagándola y consiguiendo un final neutral, pero luego por la ruta Pacifista y Genocida), el mensaje se quedó guardado.

Y entonces entró el 2016. Como era aficionado al cosplay (mucho más que ahora), comencé a maquinar alguno sobre Undertale. Pero también me gustaban los grupales de cosplay. Alguno debía haber en marcha, y por Twitter me topé con uno muy ambicioso, que llevaba una chica (User4Friends), con mucha gente, para un buen salón, de cartel bonito y diseño propio. Me tiré adentro de cabeza.

Fijaos cómo estaba el patio

Por circunstancias de la vida, ese año fue bastante difícil para mí porque me mudé a Madrid. De todas formas, continué con la idea de participar. Al principio quería hacer a Alphys, aunque más tarde deseché esa idea (menos mal), y me quedé con Asriel Dreemurr, versión adulta. User4Friends se dio de baja, así como casi la mitad de la gente, y el grupal quedó sin dirección. Recordad que ya había gente por entonces, que daba por muerta la fiebre de Undertale. Fue a partir de ahí cuando me involucré en la organización, administrando al grupo, así como difundiéndolo para captar interesad@s. Unos salieron, otros llegaron. Pero a partir de entonces se formó un núcleo de amigos y amigas que vinieron para quedarse.

Acabamos incluyendo personajes de otros AU (Alternative Universe), versiones de la misma historia, hechas por fans. Ya falta poco...

Cartel final que yo mismo diseñé

*Nota: Siloru era mi antiguo pseudónimo.

Mientras tanto, por desgracia, en Madrid me estaba yendo bastante mal. Tanto, que aquel se quedó como uno de mis años más tristes y oscuros. Aquel pseudo-plan de vida fue un desastre (da para un amplísimo tema aparte). Aunque este proyecto me ayudó a salir adelante. Había hecho buenos amigos (especialmente a través del grupo de Telegram que teníamos... ¡que aún existe y usamos!), y tras volver a mi ciudad, seguía esforzándome en él. Entonces, tras un periodo de recuperación, llegó la magia de aquel 3 de diciembre, en el Mangafest de Sevilla. Qué mejor que dejaros con el magnífico vídeo que montó nuestra Alphys, para que os hagáis una idea:

Y el grupal se hizo realidad...

Por supuesto, aquélla no fue la única vez que llevé el traje de Asriel. Ya lo había estrenado en Femanca, donde conocí a Naz y Godoy, y más tarde me lo pondría en otros salones. Pero sin duda Mangafest'16 fue la ocasión.

Sin duda lo que más eché en falta, fue participar en algún concurso de cosplay. Incluso llegó a haber un intento para Ficzone, que no se llegó a realizar (la razón es que ni a Neku, ni a mí, nos gustaron las condiciones de participación, así que nos caímos). Pero aquí está el audio. Que por cierto, maravilloso mi amigo Santi Soto doblando a Asriel (ha estudiado doblaje, tiene sentido):

También hubo un "segundo encuentro" del grupal en el Salón del Manga de Jerez 2017, para el que hubieron variaciones de miembros. Fue una versión descafeinada del primero, pero nos dio la oportunidad de conocer a Lidia alias "Napstilla con Vainilla", que no había podido venir al original y que formaba parte de la familia. Diseñé otro cartel y no me arrepiento:

"Buscamos", por pedir que no quede. Se cayeron muchos.

La cosa no acabó ahí. Iba siendo hora de sacar adelante una sesión de fotos, ya que acostumbraba a sacar una por cada traje. Hacia finales de año, volví a contar con Guillermo para esa tarea, y nos encerramos unas cuantas horas en mi buhardilla, con unas telas, un foco, un flexo y muchas ganas. Sacamos una interesante sesión de fotos sobre el traje de Asriel (que luego se chupó muchísimas horas de edición en Photoshop). Era algo que ya pegaba. Y tras eso, gracias a la recomendación de mi amigo... ¡expusimos en Comic Stores!


Buenas pintas tenía entonces

Si queréis ver las fotos, aquí las tenéis, en mi DeviantArt.

Pareciera que, al menos por mi parte, di todo lo que se podía dar. En Halloween de 2018, Tobyfox sorprendió al mundo con Deltarune, aunque sólo fuera el Capítulo 1. Un digno sucesor impecable en todos los sentidos, que aunque su conexión con el primer juego no es explícita, todos sabemos que está ahí; es una de las cosas que más intrigan a la comunidad, y de la que de momento sólo pueden hacerse especulaciones. ¿Un universo alternativo? Sin duda es una extensión de Undertale, y por ello la incluyo aquí. Y al cabo de un año, dibujé un poster de Deltarune, Capítulo 1:

Aún seguimos a la espera de su continuación, que parece estar tomándose su tiempo. Pero, como quien no quiere la cosa, ¡ahí va! ¿Cinco años? Pareciera que fue ayer. ¡Feliz 5º Aniversario, Undertale! ¡Y por todos los años que vendrán!

PD: ¿se nota la evolución artística?

No os podéis perder el concierto conmemorativo que se emitió online, y que vimos en mi canal de Twitch mientras pintábamos la obra. ¡Muy emocionante!






jueves, 17 de septiembre de 2020

He vuelto. Sí, amigos y amigas.

Casi un año sin tocar el blog, vuelvo a las andadas. En todo este tiempo ha pasado mucho. Mucho. Vayamos en orden.

Para empezar, después de mi última entrada, todas mis ganas de escribir por aquí se esfumaron. Todas mis ganas, en general. En septiembre del año pasado comencé a atravesar una dura época de transición. Mi pareja me abandonó, y regresé a un instituto en el que había estado como diez años atrás, para estudiar una materia "nueva" para mí: la informática (concretamente, administración de sistemas informáticos en red, o ASIR). También hacía un tanto que no pisaba un aula. Podéis imaginar la escena: como recién despierto de un mal sueño muy largo.

Poco a poco me fui adaptando y, sin irme demasiado por las ramas, resulta que en lo más bajo, descubrí una nueva vocación. Además, artísticamente empecé a espabilar, aprendiendo, dibujando más motivado y frecuentemente. Poco después y ya en 2020, gracias a esto, en mi canal de Twitch, que hasta entonces había sido usado para directos de partidas espontáneas a juegos de muchos tipos, pasé a hacer exclusivamente directos de dibujo. Con eso por un lado, me hacía a la disciplina, y por otro me permitía conocer gente mientras hacía lo que más me gustaba.

Entonces llegó el Covid-19.


Y eso fue un palo para todos. Nada de viajar, ver a nadie o tan siquiera salir de casa. Se acabó el gimnasio o hacer la (poca) vida social que tenía. No todos, ni todo, se adaptó demasiado bien a la dinámica online. El miedo de mi familia permeó un poco en mí. Pero no en balde, aproveché para reflexionar, respirar y meditar sobre lo último. Tomé mayor conciencia de la realidad que me rodeaba, y sentí un crecimiento en muchos sentidos. Maduré, empecé a leer más, y cambié de imagen. También me volví un poco más huraño... pero eso es culpa del confinamiento.

Una vez acabado el primer año de ASIR con éxito total, se sucedió un verano honestamente muy aburrido, en el que me centraba sobre todo en mi Twitch, mis proyectos, mi técnica creativa, y tal y como planeé de antemano: tener un primer contacto con la programación con varios cursos. Hacia el final, al cruzarme con una oferta de un servicio de hosting, reflexioné sobre la idea de tener un dominio propio como portfolio, y así ampliar mis horizontes. Eso me ha llevado a rescatar esta página, que debo remodelar a tal fin, y que a la vez me va a dar el empujón que necesitaba para también escribir un blog (tarea pendiente para la que no había encontrado ni momento, ni ganas).

Y aquí estamos. Poniendo la cereza a uno de los años que más han cambiado mi vida. Con todo, espero encontraros en esta gran aventura llena de giros inesperados. Irónicamente, eso es lo que más te mantiene pegado a una serie.

Father! The sleeper has awakened!
- Paul Muad'Dib 
 

sábado, 21 de septiembre de 2019

Vientos de cambios en mis redes sociales

He cambiado en mis redes sociales.

El trabajo en Social Media no es fácil, ni rápido, ni cómodo. Por mucho que lo parezca, dada la sencillez de la mecánica de cada plataforma. Sus entresijos permean a muchas capas: los hashtags, los horarios, los nichos... A ello súmale que no existe una única y definitiva, sino que se necesitan de varias que se complementen (en especial cuando las más populares no están del todo optimizadas para un contenido específico y propio).

Pero voy al grano. Quizá algunos os hayáis dado cuenta de que desde septiembre he efectuado algunos cambios en mis redes. En primer lugar, me hice un nuevo pseudónimo. El anterior me gustaba, pero no cumplía ciertos aspectos, y es que en su día lo cogí un poco al azar, más bien llevado por el sonido que tenía. 
Pero lo más importante es que los contenidos han tomado una nueva dirección. Lo que tenía eran cuentas cajón de sastre, y popurrí de muchas cosas (Twitter e Instagram) en las que metía prácticamente de todo sin orden ni concierto; la mayoría, cosas del día a día y videojuegos. Y eso era como un álbum de fotos centrado en mi vida, pero a menos que quisiese vender un estilo de vida, eso no funciona así.

Esta vez irán centradas en la ilustración.


Y esto no es por capricho, sino porque recientemente he reflexionado y puesto en distinto orden de prioridad, todas mis habilidades. Yo era un:
"jack of all trades, master of none".
Lo que viene a significar: aprendiz de todo y maestro de nada. No dedicarme plenamente a una de ellas, e ir alternando entre unas y otras, me estaba llevando a una frustración crónica. Eso era un ancla más del barco. Vale, podía haberme dado cuenta antes. Pero todo lo que hago lo disfruto de corazón, y me ha costado mucho dejar de lado algunas aficiones. Pero es que si no lo hago, nunca voy a progresar. Y antes que nada, ahora es necesario poneros en contexto:

Dibujar es la afición más antigua y constante que tengo.


Desde Secundaria dibujo, y aún lo disfruto. Aunque he tenido muchos obstáculos a lo largo de mi trayectoria, el mayor siempre he sido yo mismo. Cuando eres una persona multidisciplinar y además con ciertas inseguridades, es fácil que en determinados puntos te llame más probar otras cosas. Eso me ha sucedido múltiples veces, en especial con la música o la confección. Esas etapas de ejemplo no abandoné completamente el lápiz, pero sí que lo cogía a duras penas. Esos años de inactividad no son moco de pavo. Conllevan un enriquecimiento personal a otros niveles, como la capacidad de adaptación, pero retrasan y desgastan al fin y al cabo. Pues uno cuando crece y madura, y yo diría que haciendo hincapié en la entrada de los treinta, ya se da cuenta de que no tenemos todo el tiempo del mundo.
El camino hasta encontrarme "en propósito" ha sido muy largo y difícil. Pero aquí estamos ahora. Eso es lo que importa. Y conmigo, vosotros acompañándome en ese viaje apasionante. Muchas gracias por leer y por seguir ahí.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Ser socorrista acuático en un psiquiátrico

Durante tres veranos llevo trabajando en un hospital psiquiátrico de... socorrista acuático. 

Lo diga como lo diga, siempre ha hecho levantar alguna ceja a mis interlocutores. Porque suelen pensar, en primer lugar: ¿qué pinta una piscina en un psiquiátrico? Seguido por: ¿y cómo haces?, o ¿qué preparación tienes?
Pues, en fin, lo único que hice fue un curso de socorrismo acuático. Esa empresa tenía el detalle de pasar ofertas de trabajo a los alumnos, pasaron ésa, fui a la entrevista (con una pata escayolada, encima) y... aquí estoy.

Es un poco extraño que ésta haya sido mi primera y única experiencia como socorrista acuático. Pues es un ámbito atípico, pero que me ha ayudado bastante en uno de mis puntos más flojos: las habilidades sociales. Pues la predisposición en un entorno tan controlado como éste, en el que ni cliente ni socorrista se interesan (ni deben) por nada del otro... han hecho de la piscina un campo de pruebas verbal. Alguno o alguna que otra se ha aprovechado de eso, pero por suerte sé cómo cortarles el grifo. No en vano, las notas perspicaces y discretas juegan un papel primordial, y esta experiencia ha sido una ocasión única para estar cerca de la gente sin la timidez de por medio. Pero volviendo a la cuestión de la naturaleza del lugar en sí, lo que mucha gente tiene en mente por un hospital psiquiátrico es una imagen negra y distorsionada. El arquetipo de edificio sombrío de crueldades humanas y carne de leyenda urbana. Incluso yo era víctima de ese estereotipo, antes de currar aquí. Y no es para menos, considerando que si no es por singularidades de la vida, uno no pisa esos sitios si no es por fuerza mayor, y segundo: Hollywood ya hace lo propio en nosotros con su imaginario.
El hospital es muy antiguo y bonito, incluyendo zonas ajardinadas, pero lo que mejor lo resume es que parece una micro-villa. Dentro está lo necesario para que un paciente haga una vida... más o menos. Faltan cosas, muchas cosas, pero bueno. Funciona de algún modo. Su objetivo, como cada empresa, es generar beneficios ofreciendo un servicio. Y ese servicio es rehabilitar pacientes psíquicos y reinsertarlos en la sociedad. Si podría funcionar mejor o peor, ya es una cuestión en la que no pienso entrar, porque hablaría de temas de los que no conozco y seguramente la cague. En fin.

Hablemos del trabajo en sí.

La piscina es pequeña. Ni siquiera tiene gresite. Pero en el lugar donde está (rodeado de campo y en un monte), igual vale para un roto que para un descosido. Tienes refresco del calor, ejercicio en el agua, y a la vez relax, así que cumple holgadamente. 
De pacientes he tenido de todo. Desde inválidos totales hasta gente atlética con un nivel altísimo. Desde gente con un coeficiente muy bajo (casi de niño pequeño), hasta personas muy inteligentes. La mayoría hacen de mi jornada algo ameno, pero también he tenido aquellos que me han dado muchos problemas; los que vienen a pedirme algo (tabaco o comida, los clásicos), los que no paran de hablarme durante toda la hora, de contarme su vida, de insistir, no se les entiende o son hipersensibles o agresivos. Estos últimos son "los ofendiditos", pues por cualquier pretexto te miran mal, la toman contigo o te repudian por simplemente cruzártelos en el momento equivocado. Mejor ignorarlos. A veces hasta se ofenden con pequeños gestos que no tienen nada que ver con ellos. Son gente muy enfadada e irritada por lo general. Supongo que eso es lo que tiene estar internado allí, y no tener el optimismo por bandera.
Otra conclusión importante a la que he podido llegar con los pacientes psíquicos, es que (salvo excepciones) son de secano. Una grandísima parte visita la piscina durante contadas ocasiones en todo el verano, y los hay incluso que sólo vienen una o dos veces. En especial por la tarde, pues ya me resulta habitual abrir el recinto a las 15:00, y hallarme solo. Con el calor tan aplastante del momento, las toallas, y la radio puesta, nunca me aburro. Las mujeres tampoco vienen. No deja de ser curioso. En general es un trabajo muy tranquilo, salvo en contadas ocasiones de mucho stress: la hora de los psicodeficientes, pacientes muy problemáticos e inestables, esquizofrénicos, falta de recursos o conocimientos, y hasta miedo en alguna ocasión. Se nota que me falta formación que no estaría de más en este puesto, como defensa personal o contención. Aunque no todo proviene de los clientes, y algún roce que otro he tenido con los compañeros, como supongo es habitual en cualquier trabajo. Ya mencioné antes que no quería entrar en cuestiones de la empresa, pero en ocasiones me he sentido desamparado. Pues para bien o para mal, la piscina es como un limbo dentro del propio hospital, a la que nadie echa mucha cuenta.

Dejando eso aparte, ya estamos en septiembre y se viene algo de lluvia. Mes que me trae una mezcla de melancolía y deseo, sobre todo para dejar atrás el calor sofocante. Porque siendo sincero, el verano me gusta cada vez menos. Cuanto más crezco, más se aleja del ideal de lo que era el verano escolar para mí (vacaciones, amigos llamando para quedar, playa, actividades, salir...), y más se vuelve una pesadilla de sudor, cansancio y no dormir bien. Así que se siente un alivio. Pero por otro lado, estos días ya no se baña ni el tato. Y te hablo en especial en esos días en los que he llegado a primera hora, el cielo está negro y encapotado, y me encuentro todo mojado por la lluvia reciente. A mí me dijeron que en estos casos haga de monitor deportivo, e incluso me lo apuntaron en una fotocopia. En fin. Sobre el papel queda muy bonito. Otra cosa es que haya material para ello, y los clientes estén por la labor (que, por cierto, no son de mucho menearse).

Terminando, de anécdotas podría hablar hasta llenar un libro. Casi todas ellas provenientes del ámbito personal, o relacionados con pacientes de los que no voy a hablar. Pero sí que puedo hablar del patrón que se ha repetido todos estos veranos:
  • Preparar al menos un cosplay, metiendo patines de por medio, y para asistir a Gamepolis (julio). Por cierto, aquí tenéis cuáles fueron: Cosplays con patines
  • Pasarme algún juego exclusivamente en la cafetería del trabajo, en el descanso entre turnos (en 2018 fueron Metroid Fusion, Metal Gear 2, Kingdom Hearts 358/2 y R-Type III. 2019: trilogía de Castlevania en GBA).
  • Comprarme un peto vaquero a finales de verano. ¿Algún problema? Me gustan.
  • Semana de vicio y cachimba con mi pareja al terminar. Normalmente algún Metroid.

¿Volveré el año que viene? Pues, quién sabe. Si no vuelvo es por haber encontrado algo mejor, lo cual de todas formas sería buena noticia.

martes, 3 de septiembre de 2019

Taboo Rocamel

El Taboo Rocamel

El Taboo Rocamel es más que un simple tabaco de shisha de caramelo. Para muchos, un sabor de mierda infecta y repugnante, o siendo muy generoso, un sabor normalito pero empalagoso hasta la médula.

Pero yo no estoy en ese grupo. Porque el Taboo Rocamel... me encanta


Y es que, es de los tabacos que más me gustan. No es coña. Y eso que mis sabores favoritos suelen ser ácidos y cítricos.
Perteneciente a la casa Taboo, que molaba hace unos años, pero hoy está en decadencia total ante otros tabacos a 3€ aprox. la cajetilla (de 50gr.), especialmente Adalya. Descubrí esta marca viniendo directamente de las cajetillas de cachimberos principiantes, tipo Tanya a 2'50€. Y sin haber probado nada mejor, me supo a gloria. Incluso en una pequeña cachimba de bazar, con cazoleta de silicona, papel de aluminio y pastillas de auto encendido.

Curiosamente, y tras fumar otras tantas marcas supuestamente más refinadas, y tabacos de mejor calidad (siendo objetivos), a día de hoy no sólo me sigue encantando, sino que nunca me canso de fumarlo. Sospecho que no existe homónimo de tabaco sabor caramelo en otras marcas; al menos, en estado puro. Mezclado ya tal. Y en algunos círculos me repudian y me miran por encima del hombro. "Lo importante es que cada uno disfrute lo que fuma PERO...", y tras ese pero se hace excepción de cosas que no se toleran tanto como otras. Una de ellas el Taboo Rocamel. Pero me da igual. La opinión de unos cuantos entendidos no hará que ese tabaco vaya a saberme peor. Tampoco hará que me calle ciertas cosas porque no sean bienvenidas. 
Por ello digo, que Taboo Rocamel es más que un simple tabaco de shisha. Es un símbolo de personalidad.

Ahora, lo que más preocupa es que desaparezca junto con la marca. Más vale que me compre bastantes botecitos, y hablo en serio. De hecho, si pudiera, seguramente compraría todos los Taboo Rocamel de mi ciudad y los guardaría en un búnker. Incluso aunque el mundo se acabara, tendría con qué fumar.

Rocamel en cazoleta Helium Atom
Rocamel en mi Helium Atom

Oduman Micro
Buen provecho, cabrones

lunes, 26 de agosto de 2019

Cosplay y patinaje: mi trilogía sobre ruedas

Durante tres años consecutivos (2017-19) he repetido cosplay con patines en Gamepolis, y me ha resultado tan curioso que he querido hacer un montaje en honor a esa "trilogía".

La verdad es que combinar dos de mis mayores hobbies (patinaje y cosplay) ha sido una de mis mejores ocurrencias, ya que es sumamente divertido. Por desgracia no muchos personajes de ficción llevan patines, y tampoco acompaña el estado del suelo de la convención, las normas de seguridad del lugar, la afluencia de público, etc.
Todos ellos sólo los llevé una vez. Es la maldición habitual con mis cosplays. Y curiosamente, cada año llevé unos patines distintos. No por otra cosa, sino porque tuve mala suerte con mis dos primeros pares... Afortunadamente, ahora estoy muy contento con mis USD.

Si quieres ver todas las fotos de estos cosplays, aquí dejo links: